I. EL ADIÓS
CERCA DEL CIELO
Niña del Sol
Sale apresuradamente con el corazón latiendo muy fuerte. Mira su jardín por última vez, se acerca a sus flores. Las acaricia con la mirada y las besa una por una. Se detiene frente al árbol, a su árbol, el de siempre. Con su gran tronco y sus enormes ramas, con sus raíces profundas, con sus hermosas hojas verdes. El árbol que aquel día lluvioso la acogió, la protegió, le dio sombra, le dio sus ramas. No te preocupes, estaré bien le dice. Lo abraza.
En mi libertad te amo, en mi libertad te dejo, no soy responsable de ti, amado jardín y tú no eres responsable de mí. No sé si volveré, pero estarás en lo más profundo de mí, para siempre. Soy libre.
Tiene una mezcla de emociones, tristeza por la despedida y una emoción indescriptible por la partida. Recordó la tarde de otoño cuando su jefe le informó que tendría que trabajar una temporada en esa ciudad lejana. Cuando lo escuchó su corazón dio un brinco. Desde ese día ella sintió que su ser vibraba. No se cansaba de contar cada mes, cada semana, cada día que faltaba para llegar a esa ciudad, a esas calles, a ese inmenso mar, pero sobre todo para llegar a él, otra vez.
El sonido del motor la trae de vuelta a la realidad. Camina hasta la salida, cierra la puerta. Sonríe. No quiere mirar atrás, su atención está delante de ella, quiere que todo fluya.
Niña del Sol
Sale apresuradamente con el corazón latiendo muy fuerte. Mira su jardín por última vez, se acerca a sus flores. Las acaricia con la mirada y las besa una por una. Se detiene frente al árbol, a su árbol, el de siempre. Con su gran tronco y sus enormes ramas, con sus raíces profundas, con sus hermosas hojas verdes. El árbol que aquel día lluvioso la acogió, la protegió, le dio sombra, le dio sus ramas. No te preocupes, estaré bien le dice. Lo abraza.
En mi libertad te amo, en mi libertad te dejo, no soy responsable de ti, amado jardín y tú no eres responsable de mí. No sé si volveré, pero estarás en lo más profundo de mí, para siempre. Soy libre.
Tiene una mezcla de emociones, tristeza por la despedida y una emoción indescriptible por la partida. Recordó la tarde de otoño cuando su jefe le informó que tendría que trabajar una temporada en esa ciudad lejana. Cuando lo escuchó su corazón dio un brinco. Desde ese día ella sintió que su ser vibraba. No se cansaba de contar cada mes, cada semana, cada día que faltaba para llegar a esa ciudad, a esas calles, a ese inmenso mar, pero sobre todo para llegar a él, otra vez.
El sonido del motor la trae de vuelta a la realidad. Camina hasta la salida, cierra la puerta. Sonríe. No quiere mirar atrás, su atención está delante de ella, quiere que todo fluya.
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