III. MOMENTOS Y REALIDAD
Mejor me apuro. Ya vendrá, tiene que encontrarme linda…Toma una ducha, el agua recorre su cuerpo y piensa en las manos de él, vuelve a temblar. Estoy cerca del cielo, piensa. Recuerda la primera vez que estuvo con él.
Esa mágica noche en que su cuerpo vibró como nunca pensó que lo haría. Esa noche en que ella le decía, que lindo eres y reía al abrazarlo. Esa noche en que él tardo horas en darle el primer beso, y que de un momento a otro despertó como un león dormido amando hasta lo más profundo de ella, hasta esos lugares recónditos que ningún amante había llegado
Lista. Todos los detalles pensados en él. El perfume, la ropa íntima, el carmín. Se acomoda en la cama, espera mirando el techo, mirando la nada, perdida en el recuerdo de esos ojos color miel.
Siente pasos, otra vez…el corazón le da un vuelco, se acomoda, coqueta, espera que la puerta se abra. Mira. Y ahí está él, de vuelta, sonriendo, bello. Luce una hermosa camisa. La mira y saca una botella…para ti mi amor, papi te trae la medicina. En un frasco de jarabe para la tos, café caliente. Ella lo bebe, lo mira, lo abraza, lo besa. ¡Qué detalle! Tan dulce, él piensa en todo, pasión, romance. Es completo.
Salen sonriendo. Ella se siente dueña del mundo, de él. Se cuentan cosas, tantos años!!. Que hiciste, donde estabas, que sentías, me extrañabas, pensabas en mi. Dice él. Ella responde con cautela. Nunca te olvidé, caminaste conmigo siempre. Acompáñame al trabajo dice ella. Vamos. Llegan, no hay nada todavía. Almorzamos, dicen. Se van caminando, ella cuenta las cuadras, ríen, hablan, se aman con la mirada. Llegan a un restaurante. Él dice, nos sentaremos en nuestra mesa, ¿la recuerdas? Ella asiente con los ojos en el vacío, había recordado ese lugar tantas veces, lo recorrió con la mirada, se sentó alegre, como queriendo escapar de la nostalgia de tantos años de ausencia.
Comen, hablan, ríen. Se toman la mano, se miran. Una cerveza, otra. Que locos somos dice él. Ella bebe. Salen, pasan por un río, gente pescando. Siguen para el trabajo de ella. Está cerca, dice. Llegan. Todo está abierto. Oficinas, gente corriendo, hablando. Mujeres con credenciales, todo en perfecto orden. Al fondo, un pequeño bar donde ofrecen refrescos y bebidas para los visitantes. Te espero dice él. Ella se va presurosa, no quiere perder un minuto de él. Vuelve, él la espera con otra cerveza, te presento a unos amigos, el barman del lugar, mi amigo de hace años. Te presento a ella. En la barra unas mujeres con aire de libertad, ríen y hablan de hombres, fiestas, lugares. Pronto todos hablan como si se conocieran. Más cerveza, otra más. ¿Qué locos somos, no?
Pasan unas horas, la tarde empieza a caer. Ella dice, me voy, tengo trabajo en la noche, se acabó la fiesta. Cuando te veo. No te vayas. No quiero irme, pero tengo que hacerlo dice ella. Me llamas cuando termines, hoy no, responde. Te llamo mañana. Y se separan con un abrazo y un beso, el beso que ella llevaría todas las horas siguientes de ausencia.
Luego de cambiarse rápidamente, como una transformación de loca y libre a trabajadora. Qué difícil dice ella. Se encuentra con su realidad. La realidad real…
Pero no puede dejar de sonreír. Se siente plena, dichosa, enamorada y feliz. Todo en orden. Nadie se percata de viejos amoríos. Llega la fiesta de trabajadores, todos cantan felices, ella más que nadie. Baila despreocupada, se siente amada. La miran, se ve un brillo radiante alrededor. Ella llama la atención, su energía envuelve a muchos, habla, ríe, bebe. Se siente el centro del mundo.
Tiene que dormir sola, se acuesta pensando en él, en qué estará haciendo. Suspira, quiero que sea otro día para verlo, piensa. Te extraño amor. Otro día. Ella se levanta radiante. Se va al trabajo, habla con todos, sigue en el trono, es importante. Pasan las horas. Mira el celular a cada momento, ya espera por él. Ya es hora, piensa. Un momento más sin él, muero. El celular, ay mi Dios. Es él. Si, dice, y él risueño le dice ya estoy aquí otra vez. Te recojo del trabajo ahora. Así imponente. Eso le encanta a ella, él manda, domina, parece decir “te quiero ahora” Si dice ella, feliz. Corre, se pone para él la mejor ropa. Suspira, baja. Lo ve. Otra vez él ahí mirándola y sonriendo. Mi Dios. Se me cae el corazón piensa ella. Se abrazan. Vamos. ¿Una cerveza? Claro.
Un local mítico. ¿Te acuerdas cuando vinimos aquí? Claro, como olvidar ni un segundo a su lado. Beben. Ríen. Aparece la amiga de la realidad saben que tienen que fingir. Es amor secreto. Hablan con la amiga, se miran de reojo, se tocan al primer descuido.
Llega alguien más. Otra parte de la realidad. Ambos fingen una vieja amistad. Ellas ¿creen? No les importa. Están juntos. Vamos a bailar, dice él. Yo las llevo. Qué feliz yo con tres mujeres, dice. Llegan a un local de luces, mesas por doquier. Se acomodan, cuentan cosas. Ellos se miran con la complicidad que los envuelve.
Bailan, toman fotos. Ella siente celos, lo quisiera solo para ella. Las amigas están demás piensa. Pero él, siempre él, tan amable, se preocupa que no falte nada, que se sientan bien, las acompaña, baila con ella. Ella suspira. En fin, tendremos otros momentos piensa, pero sus ojos se encuentran. El parece decirle, no te preocupes te amo solo a ti. Ella respira más tranquila, ya se siente otra vez acompañada, amada.
Vamos, es tarde, tenemos que trabajar, dicen. Se marchan los cuatro. La despedida. Un tibio beso en la mejilla y en los ojos el fuego que los abrasa. Ella se va con la realidad…Otra vez en la cama sola pensando en él. Quiero irme con él. Amarlo, besarlo. A ratos odio la realidad. Lo quiero a él. Y se duerme. Sueña con él, con sus besos sus caricias, su dulce mirada. Despierta sonriente. Al trabajo otra vez…
Esa mágica noche en que su cuerpo vibró como nunca pensó que lo haría. Esa noche en que ella le decía, que lindo eres y reía al abrazarlo. Esa noche en que él tardo horas en darle el primer beso, y que de un momento a otro despertó como un león dormido amando hasta lo más profundo de ella, hasta esos lugares recónditos que ningún amante había llegado
Lista. Todos los detalles pensados en él. El perfume, la ropa íntima, el carmín. Se acomoda en la cama, espera mirando el techo, mirando la nada, perdida en el recuerdo de esos ojos color miel.
Siente pasos, otra vez…el corazón le da un vuelco, se acomoda, coqueta, espera que la puerta se abra. Mira. Y ahí está él, de vuelta, sonriendo, bello. Luce una hermosa camisa. La mira y saca una botella…para ti mi amor, papi te trae la medicina. En un frasco de jarabe para la tos, café caliente. Ella lo bebe, lo mira, lo abraza, lo besa. ¡Qué detalle! Tan dulce, él piensa en todo, pasión, romance. Es completo.
Salen sonriendo. Ella se siente dueña del mundo, de él. Se cuentan cosas, tantos años!!. Que hiciste, donde estabas, que sentías, me extrañabas, pensabas en mi. Dice él. Ella responde con cautela. Nunca te olvidé, caminaste conmigo siempre. Acompáñame al trabajo dice ella. Vamos. Llegan, no hay nada todavía. Almorzamos, dicen. Se van caminando, ella cuenta las cuadras, ríen, hablan, se aman con la mirada. Llegan a un restaurante. Él dice, nos sentaremos en nuestra mesa, ¿la recuerdas? Ella asiente con los ojos en el vacío, había recordado ese lugar tantas veces, lo recorrió con la mirada, se sentó alegre, como queriendo escapar de la nostalgia de tantos años de ausencia.
Comen, hablan, ríen. Se toman la mano, se miran. Una cerveza, otra. Que locos somos dice él. Ella bebe. Salen, pasan por un río, gente pescando. Siguen para el trabajo de ella. Está cerca, dice. Llegan. Todo está abierto. Oficinas, gente corriendo, hablando. Mujeres con credenciales, todo en perfecto orden. Al fondo, un pequeño bar donde ofrecen refrescos y bebidas para los visitantes. Te espero dice él. Ella se va presurosa, no quiere perder un minuto de él. Vuelve, él la espera con otra cerveza, te presento a unos amigos, el barman del lugar, mi amigo de hace años. Te presento a ella. En la barra unas mujeres con aire de libertad, ríen y hablan de hombres, fiestas, lugares. Pronto todos hablan como si se conocieran. Más cerveza, otra más. ¿Qué locos somos, no?
Pasan unas horas, la tarde empieza a caer. Ella dice, me voy, tengo trabajo en la noche, se acabó la fiesta. Cuando te veo. No te vayas. No quiero irme, pero tengo que hacerlo dice ella. Me llamas cuando termines, hoy no, responde. Te llamo mañana. Y se separan con un abrazo y un beso, el beso que ella llevaría todas las horas siguientes de ausencia.
Luego de cambiarse rápidamente, como una transformación de loca y libre a trabajadora. Qué difícil dice ella. Se encuentra con su realidad. La realidad real…
Pero no puede dejar de sonreír. Se siente plena, dichosa, enamorada y feliz. Todo en orden. Nadie se percata de viejos amoríos. Llega la fiesta de trabajadores, todos cantan felices, ella más que nadie. Baila despreocupada, se siente amada. La miran, se ve un brillo radiante alrededor. Ella llama la atención, su energía envuelve a muchos, habla, ríe, bebe. Se siente el centro del mundo.
Tiene que dormir sola, se acuesta pensando en él, en qué estará haciendo. Suspira, quiero que sea otro día para verlo, piensa. Te extraño amor. Otro día. Ella se levanta radiante. Se va al trabajo, habla con todos, sigue en el trono, es importante. Pasan las horas. Mira el celular a cada momento, ya espera por él. Ya es hora, piensa. Un momento más sin él, muero. El celular, ay mi Dios. Es él. Si, dice, y él risueño le dice ya estoy aquí otra vez. Te recojo del trabajo ahora. Así imponente. Eso le encanta a ella, él manda, domina, parece decir “te quiero ahora” Si dice ella, feliz. Corre, se pone para él la mejor ropa. Suspira, baja. Lo ve. Otra vez él ahí mirándola y sonriendo. Mi Dios. Se me cae el corazón piensa ella. Se abrazan. Vamos. ¿Una cerveza? Claro.
Un local mítico. ¿Te acuerdas cuando vinimos aquí? Claro, como olvidar ni un segundo a su lado. Beben. Ríen. Aparece la amiga de la realidad saben que tienen que fingir. Es amor secreto. Hablan con la amiga, se miran de reojo, se tocan al primer descuido.
Llega alguien más. Otra parte de la realidad. Ambos fingen una vieja amistad. Ellas ¿creen? No les importa. Están juntos. Vamos a bailar, dice él. Yo las llevo. Qué feliz yo con tres mujeres, dice. Llegan a un local de luces, mesas por doquier. Se acomodan, cuentan cosas. Ellos se miran con la complicidad que los envuelve.
Bailan, toman fotos. Ella siente celos, lo quisiera solo para ella. Las amigas están demás piensa. Pero él, siempre él, tan amable, se preocupa que no falte nada, que se sientan bien, las acompaña, baila con ella. Ella suspira. En fin, tendremos otros momentos piensa, pero sus ojos se encuentran. El parece decirle, no te preocupes te amo solo a ti. Ella respira más tranquila, ya se siente otra vez acompañada, amada.
Vamos, es tarde, tenemos que trabajar, dicen. Se marchan los cuatro. La despedida. Un tibio beso en la mejilla y en los ojos el fuego que los abrasa. Ella se va con la realidad…Otra vez en la cama sola pensando en él. Quiero irme con él. Amarlo, besarlo. A ratos odio la realidad. Lo quiero a él. Y se duerme. Sueña con él, con sus besos sus caricias, su dulce mirada. Despierta sonriente. Al trabajo otra vez…
Comentarios
Publicar un comentario